“PREFERIMOS HONRA SIN SINDICATOS QUE SINDICATOS SIN HONRA”

CGT de los Argentinos 1968

 

No vamos a caer en la redundancia de remarcar que desde ya hace más de diez años que el movimiento de trabajadores en la Argentina viene en amplio retroceso en relación a los niveles de organización sindical. Queda claro a esta altura que, con ya cinco centrales sindicales, el trabajador con empleo y sin empleo queda más debilitado con la dispersión, divisiones y ruptura de las herramientas de defensa de sus intereses en un sistema capitalista que avanza y un patrón que acumula ganancias.

El deterioro del salario frente al aumento de los precios de bienes y servicios, al aumento de los alquileres e impuestos, el cierre de fábricas y perdidas de puestos de trabajo, el aumento de la precarización laboral, el subsidio al capital concentrado y financiero en detrimento de la inversión en producción e industrialización de las ramas estratégicas necesarias en manos del Estado, la administración de los fondos del Estado para solo asistencialismo y grandes negociados a favor de los amigos del poder político, la sojadependencia y el doble discurso progresista tanto del oficialismo como la oposición, no son más que una muestra de la necesaria etapa de resistencia en la que nos encontramos las y los trabajadores. Todo esto frente a la propuesta de un capitalismo que se nos explica que será humanizado y equilibrado a la hora de repartir las migajas que les sobran.

Las trabajadoras y trabajadores del Estado, por más que estemos cerca de ese poder político garantista del sistema, que avanza en la concentración de tierras y riquezas en pocas manos, no estamos ajenos a la realidad laboral que describimos. También para nosotros el Estado es una gran fábrica de producción de políticas públicas que nos son ajenas; las cuales, como a miles como nosotros no nos llegan ninguno de sus supuestos beneficios; y peor aún, vemos todos los días nichos de corrupción naturalizados por donde el producto del esfuerzo de millones se va a unas pocas manos que viven de lujo.

Ya es sabido que el Estado es el patrón con más trabajadores en situación de precariedad laboral (ya sea en su nivel municipal, provincial o nacional). El poder político nos muestra un Estado dividido en tres patrones distintos; nosotros decimos que a la hora de distribuirse los fondos, de llamarse a silencio frente al dolor y necesidades del Pueblo, al cerrar acuerdos financieros de endeudamiento, cerrar negocios con empresarios amigos, mantener bajo el costo laboral, como ellos dicen (que significa ni más ni menos que nuestros bajos salarios y más del 60 % de los trabajadores sin estabilidad laboral en el Estado Nacional, sin aportes patronales, etc), se les cae la careta y vemos que el Estado, sin importar si es municipal, provincial o nacional, es un solo patrón. Debemos darnos cuenta de ello. Debemos darnos cuenta de sus mismas relaciones políticas y económicas corporativas a la hora de avanzar sobre nuestros intereses.

A la política laboral y económica actual oficial, al Trabajador del Estado se le suman dos males al igual que al resto del movimiento obrero argentino, las burocracias sindicales y las partidocracias. Ambas en búsqueda de sus propios intereses, dejando en la más humillante desprotección al trabajador frente al patrón. En estos últimos años hemos visto, una y otra vez, disputarse entre oficialistas y opositores, partidos progresistas, conservadores y reformistas, sean estos propatronales o funcionales al sistema para continuidad de los mismos poderes económicos y políticos, totalmente ajenos al interés concreto de cambio a favor del trabajador. Mas aún, han avanzado y se han  puesto de acuerdo con la mayoría de la dirigencia sindical en todas sus variantes para sumarse a la disputa superestructural de la porción de torta que le dejan los buitres foráneos ( ni siquiera se pelean por la torta entera). La mayoría de las estructuras sindicales, sean estas sindicatos o centrales sindicales, se encuentran hoy en manos de dirigencias empresariales con mayor o menor discurso disfrazado de progresismo. Algunas con un poco más de aparato económico que otras, pero todas ellas coincidiendo en el abandono del interés por trascender la historia con una propuesta de unidad de la clase trabajadora en defensa de un programa clasista. No creemos en acuerdos superestructurales que no nacen de la necesidad concreta de los trabajadores para la resolución de los conflictos concretos que nos afectan. Lo otro es pura rosca por puestos o cargos.

En este panorama los trabajadores estatales afiliados a Ate, seamos afiliados con responsabilidad delegada o no, debemos repensar nuestro compromiso y decisión por sostener la herramienta sindical. Debemos debatir entorno a la necesidad de reorganizarnos, participar, apoyar a los compañeros más confiables que componen las corrientes, agrupaciones o coordinadoras, que en estos momentos son imperiosas para las decisiones que por nosotros están siendo tomadas, y que están avanzando en otra dirección que no es la de la unidad de los que creemos que debemos recuperar un Estado al servicio del Pueblo. Prosperan, sin resistencia alguna, propuestas de oficialistas que administran el Estado a favor de unos pocos, o de una oposición sindical que detenta al Estado en favor de proyectos políticos ajenos a la clase trabajadora. Ambos no alcanzan ni se proponen la liberación nacional y social de nuestro Pueblo, sino el beneficio corporativo (todas las corporaciones están disputando el producto de nuestro esfuerzo cotidiano, ya sea la corporación política, la corporación empresarial, la corporación sindical, sean todos ellos oficialistas u opositores). Hemos dejado en manos de ellos nuestro destino, y lo único que han mostrado es su incapacidad y sus miserias a la hora de unirnos y fortalecernos para cambiar la historia para otro rumbo que no sea el de la mentira, la traición, la entrega o la humillación.

No podemos esperar más, las compañeras y compañeros de Senasa organizados en ATE hemos sabido mantener la unidad necesaria ante cada reclamo, la coherencia que nos demandan nuestros afiliados; debemos ser más y continuar organizándonos, pero esta vez consientes que el futuro está en nuestras manos. Necesitamos mayor participación. No esperar o solo buscar al cargo político o sindical para que nos solucione el problema sin comprometernos. Debemos unir fuerzas, juntarnos dentro y fuera de nuestros sindicatos con los que están dispuestos a levantar un programa de lucha por la transformación real de nuestra situación actual; incrementando y haciendo oír la legítima voz desde abajo, pero también que se proponga disputar el poder legalizado para recuperar las herramientas instituidas. Disputar la legalidad poca que supimos alcanzar (sea esta en una elección de delegados, un cargo en el sindicato, una seccional ganada, la elección en una sola CTA,  siendo concientes que las burocracias nos quieren fuera del juego legal para seguir manejando la organización sindical como un mero aparato económico a favor de sus intereses personales). No solo se fracturan las centrales sindicales porque el poder político y económico avanza sobre ellas, también porque muchas de sus dirigencias así lo permiten. Porque no priorizan la unidad a favor del fortalecimiento del Trabajador frente al patrón, porque no priorizan un programa de liberación nacional y social frente a sus intereses personales, sean estos políticos o económicos; priorizan la pelea superestructural de aparato frente a la voluntad organizada de los de abajo. Sino, no se comprendería por qué lleva tanto tiempo y esfuerzo  una campaña electoral entre varias listas en una elección de una  central sindical, pero para tomar la decisión de alquilar un edificio a parte y dividirla se hace en un para de días. O por qué lleva ocho horas la discusión de un paro en un Plenario, con varios días de discusión previa para convocarlo, y por razones “de fuerza mayor” se decide entre unos pocos levantarlo por mensaje de texto. De estos y otros tantos ejemplos obscenos en estos últimos años estamos colmados. Ahora bien lo imperioso es darse cuenta que la responsabilidad mayor de que la impunidad continúe recae en nuestros hombros, y no por pertenecer con o sin cargo a la estructura sindical, no caemos en el gorilismo de despotricar contra las herramientas y conquistas que los trabajadores alcanzamos, nadie por fuera de nuestra lucha puede venir a indicarnos como llevarla adelante; para opinar debe comprometerse de lleno en ella. Lo que urge es, revelarse en forma organizada, y con lealtades en los ejemplos cotidianos, como logramos sostener en ATE Senasa, y formar a los nuevos delegados en esa coherencia. Demostrarnos que no solo podemos recuperar el poder adquisitivo del salario, que podemos avanzar en las negociaciones colectivas, que podemos conquistar mayor estabilidad laboral, sino también demostrar con la recuperación de nuestro sindicato que los trabajadores de Ate Capital Federal tenemos mucho por decir y transformar sobre políticas publicas en la ciudad y en el Estado Nacional.

Proponerse el cambio, la transformación política y social que necesitamos es imposible si pensamos que el sindicato es solo una herramienta en favor personal; ya no del dirigente, sino pensar el beneficio personal como afiliado solo por la acción social que me brinda; o como delegado, pensar que solo puedo permanecer y pertenecer si me llevo bien con el dirigente y lo aplaudo un poco; o pensarnos como un delegado que consigue una cobertura ya sea para rascarse o para beneficio de su partido, sin comprometerse con la defensa de los intereses de sus compañeros en el sector de trabajo, sin comprometerse con un proyecto colectivo de disputa de poder y de cambio.

No habrá ningún cambio sin disputa de poder; no hay poder sin organización política, en nuestro caso sin agrupación o corriente sindical. No hay organización política de los trabajadores sin herramientas de defensa clasistas, es decir sin SINDICATOS CLASISTAS. No hay sindicatos sino hay HONRA; no hay honra sino hay solidaridad de clase, compromiso y participación. No hay solidaridad de clase si vos no estas a mi lado y yo a tu lado en los momentos más difíciles. Y este es un momento difícil para ATE, para el movimiento obrero en el país, un momento difícil para el Pueblo; por ello es tiempo de NO DEMORARSE MAS.

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