Hoy día se habla mucho del maltrato, acoso y abuso referidos al ámbito del trabajo. Deberíamos, en principio, enmarcar estos conceptos que hacen a las relaciones de las personas en algo más amplio como es la temática de los Derechos Humanos. Podremos así pensar esta actividad humana llamada trabajo en relación directa a aspectos fundamentales como la libertad, la paz y un trato igualitario entre las personas. Parece nuevo hablar de maltrato, acoso, abuso, y sin embargo ya se encuentran definidos y desarrollados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en la proclama del 10 de Diciembre de 1948; llamada “Declaración Universal de los Derechos Humanos”. Encontramos en dicha proclama conceptos tales como “la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;…” Ya encontramos aquí el planteamiento de temas que van a aparecer en las relaciones del maltrato, tales como el temor, la miseria (humillación) y el estado en que le es quitada a la persona su libertad a la creatividad, a la acción y a la palabra (el disenso, el debate, la diferencia y la expresión de ideas, etc. ).

Los seres humanos somos sujetos sociales por excelencia, y es en la interacción con otras personas donde mejor encontramos nuestras posibilidades y nos desarrollamos. Pero esta inclusión e interacción con los demás, debe darse en un marco de libertad, posibilidades, paz e inclusión de las ideas.

El autoritarismo, la exclusión del sujeto del grupo lo van llevando a situaciones de pérdida de los valores y su dignidad como persona, lo cual promueve sentimientos de incapacidad e inferioridad y a su vez un estado de humillación (miseria), tanto en el aspecto subjetivo como en lo corporal (por ej. stress). En este sentido el miedo, la amenaza y el temor infligido suponen aquellos medios a través de los cuales se va acorralando al individuo o grupo a perder su capacidad de reacción, imaginación y creatividad. La libertad implica que una persona pueda expresar sus ideas e imaginar, tener acceso a la interrelación con sus pares. Y es el trabajo uno de los espacios donde el ser humano hace confluir este ser social: creando, imaginando, realizándose en cuanto a su capacidad, y también donde encuentra gran parte del sentido de su existencia.

Por eso en el trabajo está tan presente el tema del maltrato, acoso y abuso, que son estadios de este proceso donde el ser humano va perdiendo su dignidad, es decir sus derechos, su libertad. Hay muchas formas de maltrato, y en el ámbito laboral podemos descubrirlo en el “Trato” cotidiano, el saludo, los comentarios, los pedidos, las referencias, el ser excluido en los comentarios o tareas, distribución de bienes, etc. En las relaciones grupales encontramos dos formas de interrelación, horizontales y verticales. Las primeras se refieren a las relaciones entre las personas como seres humanos, donde hay diferencias pero no privilegios; las otras las verticales, se refieren a las estructuras donde el grupo depende de una o más personas que ejercen un poder de control y decisión.

Encontramos así en la figura del jefe el ejercicio de este poder sobre el individuo y el grupo, aunque cabe aclarar que este poder muchas veces es compartido con otras personas, como forma de resguardar y ejercer constantemente el poder. El jefe y sus protegidos muchas veces utilizan este plus de poder para beneficios propios, desde que se le sirva un café, que se le compre alimentos, obtener informadores de un trabajador respecto a otro, etc. Este poder que detenta el jefe le viene dado por una estructura superior de la que él depende, y lo aplica a través de ciertas herramientas que incluyen una presión para el trabajador, pueden dividirse en dos clases:

1.- Aquellos beneficios que el jefe posee por su cargo y que distribuye de manera discriminada en el grupo de trabajo, tales como horas extras, dinero extra, permisos en horarios o días de faltar al trabajo, acceso a mejores espacios físicos, herramientas de trabajo como computadoras, etc.

2.- Sanciones (escritas o verbales) de diversa índole, que llevan como horizonte la amenaza de pérdida de privilegios o del trabajo. Esto en el marco del miedo y el temor. O sea que el jefe muchas veces, como alguien más del grupo, no trabaja equitativamente para organizar, distribuir y cumplir con una tarea definida, sino que utiliza su cargo con el fin de conseguir réditos personales o grupales (estructura jerárquica).

El o los trabajadores en este marco van accediendo a una serie de conductas que nada tienen que ver con el desarrollo de la tarea, y que lo van ubicando en un lugar de dependencia y sometimiento. Tal es así que la persona va perdiendo su capacidad de decisión, su libertad individual. La imaginación y la creatividad en este caso queda totalmente eclipsada por el estado de maltrato que se ejerce sobre la persona. Es sabido que el stress suele aparecer en esta clase de situaciones de maltrato, ya que la persona comienza a utilizar su cuerpo, pensamientos, fantasías como lugar de descarga de la bronca que se le genera en este constante estado de presión y humillación. El acoso y el abuso son formas exacerbadas para definir estas prácticas de sometimiento y maltrato sobre las personas.

Terminamos este escrito con un párrafo más de la proclama de los Derechos Humanos: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;…”

Lic. Ramón Fanelli

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