Terminada la Guerra Fría, la democracia liberal se alzaba triunfante como modelo político; el libre mercado, junto con la ciencia y el progreso servirían para resolver los problemas materiales de la humanidad.
Casi 20 años después, vivimos en unas sociedades pobladas de millones de pobres –cifra ahora creciente–, violencia a muy diferentes niveles y un expolio de recursos naturales a escala planetaria para beneficio de unos pocos que nadan en la abundancia. El libre mercado se estanca en crisis económicas cíclicas y su maquinaria productiva.
Para atajar estas crisis cíclicas, el sistema ha implementado siempre la misma solución: incentivar el crecimiento. Las economías no crecen y ese, se dice, es el problema. Pero, ¿pueden el planeta y sus sociedades soportar tasas de crecimiento indefinidas? ¿Es la falta de crecimiento un problema, o es el crecimiento el problema en sí mismo?"em>
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